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Recomendaciones - Running

Slow Running: correr suave, tranquilo y feliz

Tiempo de lectura: 5 minutos

Trotar despacito, muy «slow running» es realmente bueno para ti, para mí y para todos los corredores.

En el colegio siempre era la última de la fila. No por ser la más alta, sino porque me formaba de última con mucha ansiedad cada vez que tocaba el test de Cooper. Corría lento, sin ganas, y en educación física nunca me fue bien. Una vez, mi profesor tuvo que cargarme para bajar una colina porque se me bajó la presión. ¿Quién se iba a imaginar que esa niña amaría el running décadas después? Tenía una fuerza interna que no conocía. Y correr fue la forma de descubrirla.

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Foto de Vladislav Murashko en Pexels.com

La filosofía del slow running

Entrenar de forma suave es visto como un rasgo de debilidad, y no es así. Parece que la idea de salir rápido se ha instalado en el inconsciente colectivo. Se piensa que hay que hacerlo a toda velocidad. 

Cada corredor es único y diferente. Unos más veloces, otros más «lentos». La actividad siempre en la búsqueda de la velocidad provoca lesiones prematuras en muchos futuros runners.

Y por ello, los que comienzan a dar sus primeros pasos en el running, pierden la oportunidad de entrenar su sistema cardiovascular y respiratorio de forma efectiva.

Nosotros, —los corredores vocacionales— desarrollamos una habilidad llamada «atención situacional». Esta capacidad nos permite adaptarnos a la situación o el reto que se nos presente.

No siempre hay que salir con el «cuchillo entre los dientes». Sé que muchas personas salen a entrenar con ese objetivo. Buscan encontrar un ritmo de carrera de nivel medio a rápido. Sin embargo, el slow running propone un ritmo suave, en donde puedas mantener una conversación, o incluso, ¡cantar! No importa si lo haces bien o mal.

Correr despacio para crear una sólida base aeróbica

No se puede construir una casa por el tejado. Los cimientos son esenciales para que todo lo demás se mantenga en pie y pueda crecer. Desarrollar el sistema aeróbico te permite evolucionar como corredor a lo largo de los años. Sin lesiones y sin sufrir.

Una buena base aeróbica te dará la confianza de que podrás moverte a un ritmo sostenido y feliz. No te sentirás abrumado. Tampoco te sentirás ahogado. En resumen, lograrás resistencia. Pero eso no se consigue de un día para el otro. En el slow running, la palabra clave es: progresión.

Running slow: Correr despacio es bueno para ti
Correr suave. Despacio. Al ritmo que te permita una conversación. Foto de Sarah Chai en Pexels

El método Maffetone para entrenar en bajas pulsaciones

Hay muchos métodos para aprender a hacerlo. En esta oportunidad te comentaré brevemente sobre el método Maffetone. Este método se enfoca en entrenar en bajas pulsaciones. Esto significa trotar a un paso suave, controlando la intensidad del entrenamiento y monitoreando el ritmo cardiaco. 

Un paso suave está dentro del rango de las 110 y 140 pulsaciones por minuto (PPM).

El Dr. Philip Maffetone propone un ritmo suave para ir más rápido y así, desarrollar resistencia. Al principio puede parecer un poco lento, pero créeme, es una excelente opción para comenzar.

El running a ritmo tranquilo ofrece muchos beneficios. Mantener una frecuencia cardíaca baja en tu recorrido proporciona ventajas, no solo físicas, sino también mentales. Antes de continuar, te pregunto:

¿Cuándo fue la última vez que saliste a trotar sin mirar el reloj?

Quizás, todo lo que pasó en 2020 nos hizo bajar un par de cambios. Necesitamos comenzar a vivir de una forma más pausada. Recuperar el poder de entrenar suave, más allá de la distancia (en mi opinión), es esencial para crecer como corredores.

Sí. Sé que no siempre se puede. Por ello, hacerlo despacio es una oportunidad para experimentar el running de una manera más amable y compasiva. 

Con la perspectiva de un corredor más presente, que entiende que no siempre debemos terminar exhaustos cada entrenamiento.

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Foto de @marcuschanmedia | IG en Pexels.com

Beneficios físicos del slow running:

Correr de forma suave, tranquila y feliz tiene sus beneficios. Y si ya corres (o quieres comenzar), te invito a darle una oportunidad al slow running.

Porque yendo más despacio:

Aprenderás a rodar de manera más eficiente: trotar de forma más atenta te permitirá enfocarte en la técnica de carrera adecuada. Cuando corremos más allá de nuestras posibilidades, comenzamos a «talonear», arrastrar los pies o descuidar nuestra postura.

Desarrollarás un organismo fuerte sin demasiado estrés: entrenar por 45 minutos, (o menos),
de forma suave es beneficioso. Hacerlo entre entrenamientos más demandantes ayuda a que tus músculos se recuperen. Esto también fortalece tus piernas. Sabemos que el running genera estrés fisiológico en el organismo. Trotar «lava» el ácido láctico de los músculos cansados.

Es una estupenda forma de desarrollar el sistema cardiovascular: corriendo suave te sentirás más fuerte; tu sistema respiratorio y muscular, (piernas, brazos y torso), también se verán favorecidos. Desarrollarás una base aeróbica sólida que potenciará tus entrenamientos.

slow Running
Foto de Mikhail Nilov en Pexels.com

Beneficios mentales del slow running:

La mente es nuestra gran compañera durante la práctica. Sabemos que la calidad de nuestros pensamientos beneficia (o no), nuestro desempeño.

Practicar el trote suave, nos hace más fuertes mentalmente. ¿Por qué?

Te da resistencia mental. Como dice la psicóloga chilena Pilar Sordo: «La calma es el producto de la paciencia y de la confianza». Controlar el ritmo entrena la concentración y nos enseña a manejar la ansiedad. Hay que tener tenacidad para hacerlo a un ritmo bajo. Es un ritmo casi meditativo. Si tienes la experiencia y el conocimiento de que puedes ir  un poco más rápido, no caigas en la tentación: baja el ritmo.

Nos libera del ego y de frases tipo: «¡debería correr más rápido!». A veces, nuestra mente nos juega malas pasadas y nos sobreentrenamos. Recuerda: un runner no se define por los minutos en que hace un kilómetro. Corre más suave, no te exijas tanto y ríete de ti mismo.

Repite este mantra con una sonrisa: «Voy lento pero seguro»

Practicar el slow running nos permite jugar con la atención como un lente. Te vincula con el corredor que eres en cada zancada. El cuerpo se mueve en el presente. Sin embargo, tu mente está enfocada en el pasado, o en estado de rumiación por situaciones que aún no has vivido y que quizás no experimentes jamás. 

Correr despacio te da el espacio que necesitas para ser un corredor más despierto.

Hoy, esa niña y la mujer que soy corren juntas, despacito, una media maratón. No importa el ritmo. Importa que salimos a disfrutar.

Como escribió Gabriela Mistral: «Dame, Señor, la perseverancia de las olas del mar, que hacen de cada retroceso un nuevo punto de partida».

Eso es el slow running. No una técnica, sino una filosofía de vida.


Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.

Sobre la autora:

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