Practicar el slow running es una forma de resistencia ante la inmediatez de estos tiempos. ¿Qué te parece si nos convertimos en corredores más modestos? ¿Por qué no estamos más atentos al cuidado que le debemos a nuestro organismo? Vamos a darle la oportunidad a planes de entrenamiento más flexibles y menos agresivos. Vamos a entrenar blando.

Ir despacito es una invitación a aceptar la lentitud. Es también una forma de reencontrarnos con ella y, a la vez, una declaración de independencia.
No todo tenemos que hacerlo rápido y perfecto. La idea es variar el ritmo de carrera, comprobar nuestra resistencia física y mental en situaciones que desarrollen nuestra paciencia. El trote suave nos ayuda a crear una base aeróbica. Esto nos permitirá asumir distancias largas, ritmos más explosivos y fortaleza muscular. Todo eso sin lesionarnos.
8 consejos para empezar a practicar el slow running
1. Lee sobre la Fórmula 180, eso permitirá conocer tu frecuencia cardíaca máxima de entrenamiento aeróbico (MAF HR). Te doy una pista: resta tu edad a 180. Allí está la zona en la que puedes mantener tu trote.
2. Usa un monitor de frecuencia cardíaca. ¿No tienes? No te detengas; enfócate en tu respiración. Si puedes hablar o cantar sin dificultad, estás corriendo a un paso suave. También, prueba a correr sin música ni dispositivos electrónicos.
3. Baja la intensidad de entrenamiento: Si, por ejemplo, haces 5 kilómetros en 30 minutos, esto equivale a un paso de 6 min/km. El día que elijas practicar el slow running, mantén un ritmo sostenido de 6:30 o 7 min/km. Puedes optar por un ritmo aún más lento.
4. Haz rodajes o fondos largos: este consejo es para los corredores con experiencia; aplica a aquellos que ya llevan algunos años practicando la actividad. Entrenar más de una hora (una distancia larga), manteniendo las pulsaciones bajas, es una excelente forma de fortalecernos física y mentalmente.
5. Practicar el slow running te permite probar accesorios y zapatillas antes de una carrera importante.

Escribe tus logros, sueños y deseos
6. Lleva tu propio diario de corredor lento: escribe en un cuaderno todo lo referente a tus experiencias al practicar el slow running. Anota tus progresos, ideas y sensaciones. Incluye frases poderosas. Llevar un registro escrito a mano te permitirá evaluar cuánto has avanzado y no dependerás tanto de los datos que generan las aplicaciones de fitness.
7. Que tus canciones lentas favoritas guíen tus pasos: la música siempre ha sido nuestra mejor compañía. En Spotify o Youtube podrás encontrar listas de canciones para hacer rodajes a distintos BPM (beats per minute). Elige una que te guste y que no supere los 140 BPM.
8. Apadrina a un futuro corredor: es una excelente oportunidad para compartir. Invita a ese amigo que siempre ha querido acompañarte, y que aún no se anima a hacerlo, porque no sabe cómo empezar. Porque la disciplina con amigos es mágica y practicar el slow running en equipo, es lo más compasivo que hay.
Vamos a entrenar blando. Que el running no sea un deber más en nuestro día, sino el espacio donde todo se vuelve más liviano.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.