Recuerdo muchas carreras de running, hoy te comparto una que fue muy especial. Esa mañana de invierno, en la costanera de Vicente López hacía un frío tremendo y recuerdo que el sol se asomaba en el Río de la Plata. La humedad porteña calaba los huesos y las ganas de salir de la cama habían sido pocas. Sin embargo, en ese momento, los corredores nos apoyábamos entre nosotros y el público estaba esperándonos en la llegada con una calidez que el frío no pudo vencer.

Llegué con lágrimas en los ojos. No por el esfuerzo, sino por la emoción de sentir que no estaba sola. Eso es lo que pasa en las carreras de running cuando estás atenta: el calor humano puede más que cualquier temperatura. Vivir, ver y sentir una carrera va más allá de las medallas y los tiempos. Es una experiencia de vida, un ritual y una forma de celebrar la vida.
Vivir las carreras de running
Inscribirse en una carrera es trascender la barrera de la platea. Es pisar el escenario y vivir la fiesta del running desde adentro; participar en carreras es tomar la decisión de no ser espectador, sino el protagonista de la experiencia. En cada paso, en cada kilómetro, escribes tu propia historia como corredor vocacional.
Correr una carrera es como la vida: todo tiene un principio y un final. Y queda en cada uno de nosotros disfrutar el recorrido. No hay dos competencias iguales, no hay carreras de running con resultados buenos o malos. Solo hay carreras vividas.
Correr es expresar la alegría de la vida en su máximo esplendor. Y, cuando hablo de correr, no me refiero a tiempos o kilómetros. Correr es como amar y meditar: cada quién sabe hacerlo a su manera.
Ver una carrera con emoción en el corazón
Si estamos atentos, en la fiesta de correr podemos ver pequeñas alegrías que llenan el corazón:
Las mujeres que corren juntas, se divierten y se apoyan, honrando el significado de la palabra sororidad. Los padres que acompañan a sus hijos a correr por primera vez, enseñando a cuidarse con el ejemplo. Los que corren bajo la lluvia y lo aceptan, porque las carreras no se suspenden por mal tiempo.
Los que corren para agradecer, por algo, por alguien, o simplemente para vivir mejor. El que va despacio con la ilusión de su primera medalla. El que tiene miles de kilómetros gastando zapatillas en carreras de running por todo el mundo. Todos juntos, miles de personas diferentes unidas con un mismo propósito, en un mismo tiempo y lugar.
Un encuentro mágico que vale la pena experimentar más de una vez en la vida.
La sensación de haber descubierto algo grande, tal vez ello suponga ya, en sí mismo, un logro.
Haruki Murakami ~ De qué hablo cuando hablo de correr.

Sentir el running
El running nos vincula con nuestro propio cuerpo, con el aquí y el ahora. Aprendes a reconocer sus señales: sientes tu respiración, te vuelves un corredor más despierto, agradecido y presente.
Correr en carreras de running es mucho más que competir. Es compartir y recibir los beneficios de la actividad física trasladados a la vida. Pienso que con el tiempo esas pequeñas acciones nos convierten en personas más optimistas e interesantes. Zancada tras zancada, divertirse en el camino de convertirse cada día en un corredor más experimentado, más saludable y más feliz.
Aquella mañana de invierno en Vicente López entendí algo que no cabe en ninguna aplicación de fitness: el calor humano de una carrera es irreemplazable, participes en ella o no. Si aún no lo has vivido en tu propia piel, ya sabes lo que tienes pendiente.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.