Crucé el arco de llegada de mi media maratón con una sonrisa que no cabía en la cara. Pero en los días siguientes, algo cambió. Las zapatillas se quedaron quietas más de la cuenta. El deseo de salir a entrenar por un objetivo simplemente… se fue. No de golpe. Lento, silencioso, sin avisar. Tardé un tiempo en ponerle nombre a lo que sentía.

Después entendí que no era pereza ni abandono. Era el runner’s blue: esa tristeza del corredor que pocos hablan pero muchos conocen.
Y en lugar de pelear contra ella, decidí escucharla. Retomé mi compromiso con el entrenamiento de fuerza, dejé que el cuerpo descansara del asfalto. Y esa, fue una de las mejores decisiones que tomé como corredora.
La tristeza del corredor: Cuando tu alegría por correr se va
Motivada por muchas razones que comentaremos durante este post. Una de las más frecuentes o más fáciles de reconocer ocurre cuando el deportista se enfrenta a un gran reto. Por ejemplo, un maratón. Durante meses, se entrena rigurosamente para completarla.
Y una vez cumplido el objetivo, el runner experimenta en las semanas siguientes una suerte de desilusión. Una especie de apatía que le impide entrenar con energía, un cansancio físico y mental.
Algunos lo definen como un «hartazgo del running». Otros lo llaman la tristeza del corredor. Unos van más allá refiriéndose a ese sentimiento como la «depresión post maratón». El famoso escritor, maratonista y triatleta Haruki Murakami se refiere con mucha precisión al runner’s blue en su libro: De qué hablo cuando hablo de correr, y al respecto menciona lo siguiente:
Algo muy extraño se había asentado en lo más profundo de mi ser. No era simplemente que hubiera perdido el entusiasmo por correr. Había perdido algo, pero, al mismo tiempo, algo nuevo había brotado en mi interior de corredor. Y tal vez ese proceso me había provocado esa inhabitual «tristeza del corredor».
Haruki Murakami ~ De qué hablo cuando hablo de correr.
Esa sensación extraña, una mezcla de desgano acompañada con la pregunta: ¿Y ahora qué? Algo que el corredor puede experimentar como una pérdida de razón para entrenar. Tal vez tenga mucho que ver con esa necesidad humana de ir constantemente tras un objetivo, una meta.
La tristeza del corredor no debe ser vista como algo negativo. Puede ser una oportunidad para darnos una pausa y para volver a entrenar con un enfoque diferente. Probar quizás el mindful running para establecer nuevamente un diálogo interno con el propósito. Lo que nos motivó a ponernos las zapatillas y comenzar a trotar por primera vez.
¿La tristeza del corredor es mala?
Antes de continuar, es importante aclarar el concepto de la tristeza del corredor: es un fenómeno que aparece en la vida de los corredores por motivos internos. También puede surgir por motivos externos. Sin embargo, esa tristeza o desazón puede ser una bandera roja. Puede alertar ante situaciones más complejas como la depresión, el estrés o la ansiedad. Si es así, es imperativo buscar ayuda profesional.
La tristeza del corredor no es mala. Malo sería no prestarle atención, o en algunos casos, desaprovecharla, porque es una forma de autoconocimiento, una oportunidad para crecer como runner.
Hay muchas razones por las que podemos transitar la tristeza del corredor. Experimentamos una desilusión por no obtener los tiempos que queremos; o por sobreentrenamiento y la imposibilidad de mejorar el desempeño obtenido en el pasado. Existen muchas otras razones más.
Hablamos mucho de la pasión, acatamos las normas de etiqueta para runners. Es lindo sumar kilómetros y medallas en las carreras. Pero poco conversamos sobre ese cambio de perspectiva que ocurre cuando nos invade la tristeza del corredor o runner’s blue.
Cuando el running y tú eran los mejores compañeros
Antes de esa tristeza estamos felices. Corremos con una sonrisa, dándolo todo en la carrera y sufriendo un poco, sí. Estamos rodeados de gente linda que entiende este amor correspondido y cada uno escuchando su música favorita.
Pasan los kilómetros y se acerca la llegada. Lágrimas, brazos levantados hacia el cielo. Sonrisa para la foto. Tenemos la medalla que sabemos que hemos ganado con esfuerzo. Nos recuerda la frase: «Que el hombre sepa que el hombre puede».

Pero —de repente— la carrera termina. Ya hicimos esas decenas de kilómetros de entrenamiento y cumplimos la meta. Enfocados durante por lo menos 8 semanas, y pasada la euforia del corredor, aparece lenta y silenciosa la tristeza del corredor
Junto a él vendrá la pausa necesaria. Muchos irán detrás de un nuevo reto, otros experimentamos esa tristeza del corredor, por algunas semanas o meses. Algunos empezarán a entrenar sin expectativas propias ni ajenas, y dejarán que el protagonista sea el descanso.
Cada quién vivirá ese proceso de manera diferente.
El día que volví a ponerme las zapatillas no fue dramático. No hubo música épica ni meta nueva en el horizonte. Solo las ganas, quietas pero reales, de salir.
El runner’s blue no me quitó la corredora. Me devolvió una más fuerte, más atenta y con los pies mejor entrenados que nunca.
A veces parar es el mejor entrenamiento.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.

Muchas gracias
¡Hola! Si te gustó este post sobre la tristeza del corredor, te recomiendo este otro que habla sobre la euforia del corredor: https://www.correviveysonrie.com/la-euforia-del-corredor/ ¡Abrazo!