El mindfulness para sintonizar con lo simple llegó a mí de la forma más inesperada. Terminé un entrenamiento y mientras caminaba por el parque, vi unas florecitas amarillas creciendo en los bordes de cemento. Me detuve y pensé: ¡qué bellas y sencillas! Están ahí, sin percatarse de su propia belleza. Y en ese momento entendí algo que ningún libro me había explicado tan bien hasta ese momento: prestar atención a las pequeñas cosas ya es una práctica de meditación.

Cuando entendí eso, todo cambió. Meditar dejó de ser un ítem más en mis «cosas para hacer». Cuando me refiero a lo simple en el mindfulness, hablo sobre la meditación informal. Esa forma de mirar lo pequeño y lo cotidiano con ojos nuevos. Dejar que la curiosidad y el asombro formen parte de nuestra rutina.
La meditación mindfulness como una hermosa invitación para abrirte a lo cotidiano y «salir de nosotros mismos». De la película de terror mental que nos hacemos en nuestras cabezas.
Para de leer por unos segundos y observa todo lo que tienes a tu alrededor. Darte cuenta que este momento es único te conecta con lo invisible, lo sensible.
La atención plena en el entorno nos recuerda que la vida que existe afuera de las pantallas, de nuestros pensamientos y juicios, sigue su curso. El mundo sigue y seguirá girando con o sin nosotros.
El mindfulness para sintonizar con lo simple y delicado
Tomo como ejemplo una flor que nace en el asfalto. No sé qué produce en mí esa imagen, solo sé que me enternece y que suelo buscarlas mientras corro por las plazas. Pienso que darme cuenta de esos detalles me aleja de las historias que me cuenta mi mente. Esos pensamientos que son solo eso, pensamientos y situaciones que no van a pasar nunca.
Abrirte a lo cotidiano requiere curiosidad y atención, dos actitudes del mindfulness. Como toda práctica, requiere entrenamiento y coraje para ver cara a cara nuestra vulnerabilidad. Para entregarnos al momento presente, tal y como es.
No hay nada más bonito que llegar al final del día con la satisfacción de haber visto o hecho algo bello. Y de honrar la costumbre de agradecer a las personas con un gesto o una palabra. Es simple, la consciencia plena como práctica de mindfulness nos ancla y nos permite sintonizar con el presente.
Con nuestra respiración, en este momento en donde nuestros corazones está latiendo. Sin trucos, ni artificios. Como escribe Adam Ford en Mindfulness para caminar:
El mindfulness es algo totalmente natural, que a veces practicamos sin siquiera intentarlo.
Mindfulness para caminar – Reflexiones en el sendero. Adam Ford.
Estar presente en la actividad, abrirte a lo cotidiano y lo bello, es mindfulness. ¡Ahora! No hace 5 años, ni hace 20 años. ¿Todo el tiempo pasado fue mejor? No lo sé, pero por otro lado pienso que el pasado suele romantizarse. Recuerdos y situaciones que de tanto dar vueltas en nuestra cabeza (como en un lavarropas), se desgastan, pierden la nitidez, el color y el brillo.
El mindfulness como práctica diaria
Del mismo modo que vamos al gym para entrenar, la meditación formal o informal se convierte en una forma de ejercitar nuestra atención, concentración y la capacidad de ver posibilidades en vez de problemas. Meditar es gimnasia mental porque nos saca de los patrones de pensamientos repetitivos que son como una mecedora: nos distraen pero no nos llevan a ninguna parte.
Para cerrar, te dejo una invitación para abrirte a lo cotidiano y a lo bello del mindfulness: Medita en movimiento, presta atención a tu entorno, a tu cuerpo y a todo lo que la vida tiene para ofrecerte hoy. No pienses que la meditación es algo estático o dogmático.
Deseo que veas lo que te rodea con ojos nuevos, con los ojos de un niño que descubre el mundo por primera vez.
La próxima vez que termines un entrenamiento, antes de abrir el teléfono, detente un momento. Mira a tu alrededor. Quizás haya una florecita amarilla creciendo en el cemento que lleva días esperando que alguien la vea.
Eso también es mindfulness. Algo cotidiano, gratuito y disponible para ti en este momento.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.