Leyendo sobre bienestar digital encontré esta información sobre algunas formas de hackear nuestra mente en las RRSS. Cuando investigué sobre el tema, me pareció un poco exagerado; sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que no está de más saber de qué trata la tecnología y sus objetivos. No se trata de ser tecnófobo, se trata de saber, y el saber es poder.

Hay muchas formas de hackear nuestra mente, hoy te comparto tres de ellas: la comparación social, el sesgo de negatividad y el riesgo de vivir en una burbuja digital. No escribo con el objetivo de volvernos paranoicos, escribo desde el deseo de que podamos estar más atentos, para sacar lo mejor de la tecnología. E invertir nuestro tiempo en aprender y crear más.
1. Las redes sociales nos mantienen en un estado de comparación social
Esa profunda necesidad que todos tenemos de medirnos con los demás no fue un invento de la tecnología. Tampoco fue creado por los creadores de Facebook, TikTok o Instagram. Simplemente, potenciaron esa debilidad ancestral que todos tenemos de ser queridos y aceptados. La valía depende de la mirada ajena (y en lo digital), eso se ve más. En forma de gente que sigue a otros, manitos arriba, obsesión por los likes y mucho más.
Tenemos una autoestima frágil y en los laboratorios de las empresas de RRSS lo saben. Porque según los estudios de neurociencia «la corteza prefrontal de nuestro cerebro da prioridad a la información sobre nosotros mismos». Por ello, en nuestro feed, las apps nos muestran recuerdos y eventos. La selfie es popular y los algoritmos lo saben.
Hay muchas formas de hackear nuestra mente y como adultos podemos darnos cuenta. Pero, ¿qué pasa con los niños y adolescentes? La «generación like», ¿depende de un algoritmo? Eso no es justo. Si a nosotros como adultos nos afecta, a ellos mucho más.
Seguramente estás atento de que ese patrón nos pone a la vista imágenes de personas viviendo una vida perfecta. Y en el fondo sabemos que no es real, que nadie muestra lo feo en Instagram, solo lo ideal.
¿Cómo neutralizar este hackeo a nuestro cerebro? Mientras estemos alejados de las redes que generan estos comportamientos mejor. Pero es difícil dejarlo todo. Para ese propósito, practicar el minimalismo digital es una muy buena opción.
2. Muchas noticias en RRSS potencian tu miedo y ansiedad

Otra de las formas de hackear nuestra mente. ¿Sabes qué es el sesgo de negatividad?
Es el fenómeno psicológico donde nuestro cerebro procesa la información negativa más rápido que la positiva. De allí viene la frase: «Lo malo es más fuerte que lo bueno».
Desde el punto de vista evolutivo, el hombre estuvo siempre alerta a esos estímulos negativos con el propósito de sobrevivir. Hoy en día no estamos expuestos a que un animal salvaje nos devore.
Pero sí, a una gran cantidad de temas en las redes sociales. Por ello, las noticias que generan indignación, miedo y asco se hacen más virales que las positivas.
¿Cómo te sientes después de leer tuits o noticias? Seguramente tu ánimo se viene a menos, te sientas triste o con miedo. Las RRSS se alimentan de la indignación.
Extraños gritando a través de pantallas, en líos, y con la ansiedad a tope. Demasiados tuits de noticias falsas e imágenes generadas por IA. Muchas de ellas asociadas a sentimientos de baja vibración, que dividen y hacen mal.
¿Cómo neutralizar este hackeo a nuestro cerebro? Elige a qué dar atención. No creas todo lo que lees y mucho menos, compartir algo sin saber la fuente original o preguntarse: ¿Esto es real? Debes actuar en defensa propia, huyendo de los estímulos negativos que disparen tu miedo. Una dieta digital puede ayudarte a poner una distancia mental de esos contenidos.
3. Las redes sociales hackean nuestro cerebro y te meten en una burbuja digital
Creemos que todos vemos los mismos contenidos, pero no es así. Los algoritmos de software nos muestran datos similares a nuestros intereses, hacen un patrón de la información y filtran otra. Sabe lo que nos gusta y lo pone a la vista en nuestras redes sociales. Esto se traduce en mayor tiempo de uso de pantallas. Y en ese desenfreno digital, creamos datos y pagamos con nuestro tiempo. Y otras industrias hacen dinero con nuestra atención.

Vivimos en una suerte de burbujas digitales. Las personas de la foto de arriba están mirando sus redes sociales, y ninguna está recibiendo la misma información. Todos nosotros vemos una versión de la realidad que se personaliza según el rastro que dejamos en Internet. Esto potencia la polarización y son una de las formas de hackear nuestra mente, mediante lo que se conoce como sesgo de confirmación.
El sesgo de confirmación es «la tendencia a favorecer la información que confirma las propias creencias. También incluye buscar, interpretar y recordar dicha información. Se da de forma desigual menos consideración a posibles alternativas».
Es decir, cuando tenemos un punto de vista en particular, nos gusta cierta información, y por otro lado, rechazamos otra. Un ejemplo claro es la red social de X o Twitter. En donde completos desconocidos, podemos pasar el día peleando por resolver cosas que no están a nuestro alcance.
Contradecir a la manada digital nos atemoriza, porque nuestro cerebro es terriblemente sensible a la exclusión social.
Por ello, es más cómodo meterse en la caja «para encajar», aunque a veces no estemos tan a gusto. Las redes sociales profundizan la grieta. Nos aíslan. Vemos en nuestras pantallas solo lo que queremos o lo que quieren que veamos.
¿Cómo neutralizar este hackeo a nuestro cerebro? Sigue en redes sociales a personas con quienes no estás de acuerdo. Esto te dará una visión más amplia de la información.
Lee medios de comunicación sin agendas ocultas. Te hará salir de esa cómoda burbuja en la que te tienen los algoritmos.
No te quedes con lo que te muestra la aplicación, ve más allá. Tenemos que aspirar a ser más atentos y menos pasivos, a la hora de elegir qué hacer.
Formas de hackear nuestra mente: Una pregunta
¿Hackean las redes sociales nuestro cerebro? Esa respuesta te pertenece. Mi intención es poner las cartas sobre la mesa para que, juntos, decidamos hacia dónde dirigimos nuestra atención. Porque esa decisión, pequeña y diaria, es más poderosa de lo que parece.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.