La primera vez que leí sobre la nomofobia y amnesia digital me dio un poco de ansiedad, no lo voy a negar; paso mucho tiempo detrás de las pantallas. Sin embargo, con el tiempo he aprendido a generar un refugio analógico (físico y mental), para soltar de mi mano por un rato el smartphone.

Nuestra atención se ha vuelto frágil y nuestra memoria a corto plazo, cada vez más débil. Vivimos inquietos, estresados y en una búsqueda constante de evasión inmediata. Ante esto, cabe preguntarse: ¿podemos romper el espiral de hábitos digitales poco saludables? Quizás la respuesta resida en el minimalismo digital.
Hoy te presento dos de las ansiedades del mundo conectado, no para que te asustes sino para que las reconozcas:
- La nomofobia.
- La amnesia digital.

1. La nomofobia
La nomofobia es el miedo irracional a estar sin tu smartphone. Me atrevo a decir que todos lo padecemos. Lamentablemente, los teléfonos inteligentes se han convertido ya en una parte de nosotros mismos. Porque estamos muy acostumbrados a depender de todo lo que nos ofrecen y no tenerlos a mano, nos hace sentir inseguros y con miedo. ¿Te pasa a ti?
Greg Hochmuth. Uno de los ingenieros fundadores de Instagram se dio cuenta de que estaba construyendo una máquina de hacer adictos. «Siempre hay una etiqueta para hacer clic» —decía—. Y luego cobra vida propia. Instagram, como muchas otras plataformas de las redes sociales, no tiene fin.
Irresistible, ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos? – Adam Alter.
Basta con darnos cuenta de que no lo tenemos para que se disparen todos los estresores. Estamos tan atados a él ¡No recordamos ni un número de teléfono! Nos hemos acostumbrado a no memorizar. Y, por otro lado, tenemos toda nuestra vida en ese –rectángulo de luz y plástico– llamado smartphone.

2. La amnesia digital
¿Recuerdas de memoria el número telefónico de tu pareja? Es probable que no, al igual que otros datos que tienes solo en tu teléfono inteligente. Actualmente, todos vivimos una suerte de amnesia digital. Quedarnos sin el teléfono nos deja en una situación de vulnerabilidad emocional. Pues nos estamos acostumbrando a no recordar direcciones y a tener la atención dividida en modo: multitarea.
La media de tiempo en que las personas pasan a estar concentradas en una sola tarea pasó de 2,5 minutos a 40 segundos en las últimas dos décadas de investigación. El período de concentración de un pez de colores es de 9 segundos.
¿La concentración humana está menguando?
Yo creo que sí, no será fácil, pero debemos poner de nuestra parte. Un día a la vez, dando valor al presente y estar más atentos a nuestro entorno no digital.
La nomofobia o la amnesia digital no son enemigos ni monstruos. El miedo se enfrenta con acción y tenemos muchas herramientas para encontrar el equilibrio (fuerza de voluntad, disciplina, capacidad de darnos cuenta). Es allí donde empezamos a construir una verdadera libertad.
Los hábitos de desconexión digital se apoyan en nuestras actividades analógicas. Como caminar, correr, leer libros de papel, conversar con una persona cara a cara, y más.
El objetivo está claro: dejar de ser dependientes de hábitos que consumen nuestro tiempo y nos producen ansiedad; y así convertirnos, por fin, en los dueños de nuestra propia atención.
Sé que no te estoy dando la cura; no es ese el objetivo. Investiga sobre herramientas de bienestar digital, ejercita tu memoria, toma notas a mano. Y, genera espacios de reflexión propia y colectiva.
Tómate unos segundos para pensar en dónde puedes encontrar ese refugio analógico. Ya lo tienes. Solo tienes que soltar el teléfono para verlo.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.