La obsesión por los likes: dopamina, EGO y RRSS
La obsesión por los likes en las redes sociales es el tema de conversación. Pienso que dar: me gusta es una forma básica de apoyo social en digital; es como sonreír y estar de acuerdo ante el comentario de un amigo con quien estás conversando cara a cara.

Sin embargo, lo que comenzó como una forma pasiva de seguir la vida de tus amigos y familiares, con el tiempo, se convirtió en algo interactivo. Se transformó en algo muy dinámico. Al mismo tiempo, se volvió adictivo.
¿Qué son los likes y por qué enganchan?
Los likes son una forma de recibir feedback inmediato. Esto cambiaría la percepción propia y ajena de todos los que somos o fuimos usuarios de las redes sociales. Entonces, ¿Qué son los likes? Son una recompensa instantánea y fugaz, como los dulces y caramelos.
Nuestra obsesión por el feedback no es nueva y la necesidad de aprobación social es ancestral. Desde la época de las cavernas, necesitábamos pertenecer a un grupo. Si no lo hacíamos, corríamos el riesgo de ser el alimento de algún animal. El instinto primario de supervivencia es fundamental; es así, no podemos ignorar lo que los demás piensan de nosotros. Esto sobrevive hasta el día de hoy.
Son el crac de nuestra generación. Somos adictos. Tenemos síndrome de abstinencia. Estamos tan condicionados por esta droga que una sola dosis puede provocar reacciones verdaderamente peculiares. Me refiero a los «me gusta». Sin que nadie se diera cuenta, se han convertido en la primera droga digital en lograr dominar nuestra cultura.
Rameet Chawla ~ Irresistible, ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?
El «me gusta» tu dosis instantánea de dopamina
Nuestro cerebro segrega pequeñas dosis de una sustancia química conocida como dopamina. Ante la presencia de actividades adictivas, aumenta su producción. La dopamina es un neurotransmisor asociado al deseo y a la motivación. Se activa cuando se recibe una recompensa inesperada.

El botón me gusta tiene más de diez años dando, como dice su propio creador: «destellos brillantes de pseudo-placer». Su desarrollo comienza en el año 2007 con un equipo liderado por el ingeniero de Facebook Justin Rosenstein. La herramienta digital fue creada para generar feedback positivo. También genera feedback contradictorio. Ha sido copiada con éxito en otras redes sociales como X (Twitter) e Instagram. Y su efecto en nosotros, no pasa desapercibido. La obsesión por los likes y las recompensas exprés.
Considerar droga a los likes puede sonar exagerado. Pero sí son reconocidos como una de las adicciones modernas. Aceptemos que no hay nada más placentero que recibir el reconocimiento de los demás, es una caricia a nuestro ego.
Si subimos una foto o comentario a una red social y comenzamos a recibir muchos «me gusta» nos sentimos bien. Cada vez nos cuesta más separar nuestra vida analógica de la vida digital. Me pregunto: ¿Será lo mismo? Durante el día, recibimos nuestra dosis de dopamina digital. También tenemos nuestra atención secuestrada y dividida en múltiples pantallas.
La obsesión por los likes: El lado luminoso
Esa dosis de dopamina digital en forma de reconocimiento social que nos llega por una foto, tuit o publicación en Facebook puede dar un minuto de alegría. Recompensados por nuestra interacción, comenzamos a crear estrategias para ganar más seguidores: corazones, pulgar arriba, reacciones y otros emojis. Seguimos y somos seguidos, hacemos amigos. Todo brilla y es lindo.

Pasamos horas en las redes sociales. Dedicamos mucho tiempo en interactuar con nuestros amigos virtuales. También seguimos cuentas que nos inspiran. Vamos creando nuestra identidad digital. Nos basamos en todo lo que investigamos en los pódcast, blogs, videos y artículos de mercadeo digital.
Sabemos que es mucho trabajo, pero que valdrá la pena porque el reconocimiento llegará. La ilusión puede más que la razón. Nos apegamos a los trucos para que el algoritmo «nos quiera». Queremos que muestre más nuestras publicaciones. Mientras lees esto, muchos trabajan para hacer crecer su marca personal digital.
Y no está mal tener un objetivo y poco a poco lograr hitos que aseguren tu presencia en Internet. Muchos han logrado cosas extraordinarias y hacer de las redes sociales una forma de vida. El problema surge cuando tu salud mental depende de la mirada ajena. O del «me gusta» otorgado al otro lado de la pantalla de un smartphone. Si te perturba, te roba tu paz y tu tiempo. Ya deja de ser luminoso.
Caes en la positividad tóxica y en el totalitarismo de la alegría que genera la obsesión por los likes.
La adicción por la recompensa y la interacción
El verdadero problema surge cuando recibir atención a través de los emojis se transforma en una adicción. Además, se convierte en una competencia digital desenfrenada. Es injusto decir que solo algunos están atentos al feedback social. En realidad, TODOS somos susceptibles de estar pendientes de lo que dicen o piensan de nosotros.
Las redes sociales no inventaron esa necesidad que todos tenemos de ser reconocidos por los demás, simplemente la potenciaron. ¿En qué momento dejamos que los corazones e interacciones digitales controlen nuestra vida? Muchos necesitan una lluvia de emojis para ser felices. Y para ello, exhiben en las redes una vida ideal y evidentemente editada.
Todos en algún momento hemos rodado cuesta abajo en el juego de vanidad que plantean las redes sociales. También hemos caído en la obsesión por los likes. ¿Has pensado en la cantidad de personas que están publicando contenidos en ESTE momento? Todas están recibiendo su dosis de dopamina en forma de likes y atención: la mayoría de las veces, la sensación es efímera.
Esto afecta especialmente a los más jóvenes. Este patrón ata su valor como personas a la cantidad de interacción y atención digital que reciben. ¡Es EGOtador!
Por eso hay que compartir más, para recibir más recompensas. Los humanos pasan el día entregando su bienestar digital y entregan su valioso tiempo a la economía de la atención. Compitiendo en total desventaja con los algoritmos de las aplicaciones de su smartphone.
La obsesión por los likes: el lado oscuro del corazón
En la búsqueda del «santo like» la persona promedio pasa horas hipnotizado. Lo hace en las redes sociales más visuales de todas: Instagram y TikTok. Caramelos virtuales en forma de corazón son bien recibidos y dados con reciprocidad, o no. El feedback contradictorio le quita el sueño a más de uno, aumenta la obsesión por más likes, y el algoritmo de Instagram lo sabe.

En la lucha desigual de los usuarios contra el trabajo exhaustivo. El esfuerzo profesional de los laboratorios de persuasión de Silicon Valley genera varias leyendas urbanas. Y los autodenominados «Gurús de las Redes Sociales» se benefician de la necesidad de atención. Ellos capitalizan en la obsesión por los likes. Explotan el deseo de aceptación. Ofrecen cursos online que prometen revelar «Los Secretos que te harán triunfar». Puro humo.
Hay una frase de mindfulness que dice: «Donde pones tu atención, por ahí va tu vida». Nuestro tiempo es breve. Dale tu atención a algo que realmente merezca la pena. Si te hace feliz tu vida digital, te da identidad y propósito, bien. Si no es así, quiero que sepas que hay otra vida más allá del like.
Y te está esperando…
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.

Obsesionados con los likes? Noo… https://m.youtube.com/shorts/2U4sWiDd0zY