Cada carrera es una oportunidad para entrenar la empatia; y este texto habla de eso y mucho más. «Gracias por correr conmigo». Más que un mantra, o una frase bonita, es una invitación a darnos cuenta de todo lo que está disponible para nosotros.

No hay nada más excitante que participar junto a otros runners en carreras de calle. En ese instante, todo cobra sentido. Estar de frente a la línea de largada de una carrera es una emoción muy grande e inexplicable. Por la mente pasan muchas imágenes, la emoción se mezcla con los nervios y la ansiedad.
Es un momento muy particular: te sientes vivo y más atento a lo que pasa a tu alrededor.
Veo a otros corredores y repito con intención: ¡Agradezco estar aquí contigo!
El mindfulness me permite darme cuenta de lo que está pasando mientras está pasando. Y ser consciente de que ese instante es irrepetible. Que la persona que está a mi lado es única. Y será un encuentro fugaz y significativo a la vez.
¡Gracias por correr conmigo! El aprendizaje de ponerse en marcha
La gratitud se entrena y, sin embargo, hay que estar despierto para ver los chispazos de energía y vitalidad. Para eso se necesita presencia y, en algunas ocasiones, tenemos dificultad para enfocarnos en lo que realmente importa.
La práctica me ha enseñado a vivir mejor porque no me canso de decirlo, es una forma de autoconocimiento. Es un entrenamiento físico, mental y emocional.
Tres de los aprendizajes más poderosos que he tenido: estar cómoda en la incomodidad, a ser testigo de mis pensamientos y lo más importante:
¡Entrenar mi cuerpo para apreciar más la vida!
Agradezco poder disfrutar y moverme a mi manera. Agradezco la libertad de disfrutar del sol y la brisa en el rostro. Honrar el talento que tengo de registrar todo lo que me rodea con ojos nuevos. La posibilidad de salir para crear nuevas experiencias.
Y algo mucho, mucho mejor, agradezco poder escribir sobre ello.
Amo escribir, y amo moverme; convertirme en corredora cambió mi forma de ver el mundo; y esa pasión la comparto con muchas personas. Todos estamos conectados y en movimiento.

El músculo que también vale la pena entrenar: la gratitud
El hábito de dar las gracias es un músculo que se ejercita con paciencia, calma y creatividad. Y con los ojos bien abiertos. Para reconocer las pequeñas alegrías hay que estar despiertos a todo lo que el mundo tiene para ofrecernos… más allá de los rectángulos de luz.
Todos tenemos personas, situaciones y razones. Motivos maravillosos que nos permiten seguir eligiendo el running como una expresión de nuestra humanidad.
Te doy algunos ejemplos para sintonizar con la dicha y dar las gracias mientras corremos:
- Las competencias que están bien organizadas y seguras.
- A los compañeros y amigos que corren, por el apoyo.
- A la persona que te ofrece agua en el puesto de hidratación: Dale las gracias, mental o verbalmente.
- Por la naturaleza: Ya sea en un bosque o en una pequeña flor en medio del asfalto.
- Por los desafíos y por las dificultades que me hacen superar mis límites.
- Por los compañeros silenciosos: un reconocimiento a las zapatillas que me acompañan.
- Lentes de sol que también protegen mis ojos del viento, la lluvia y el sol de verano. ¡Gracias por tantos años!
- A la espiritualidad: A Dios, al Universo, a la Pachamama. A todo aquello en lo que crees y creas.
- A tus piernas: Y a todas las partes involucradas en el entrenamiento, una carrera suave y generosa.
¡Gracias por correr conmigo!
- Una mención especial a mi querido corazón. Gracias por acompañarme en cada segundo de mi vida.
- Por la música: la lista de reproducción que te da energía en los últimos metros. ¡Gracias, música & running!
- A los queridos escépticos: A esa persona que te dijo que no podrías rodar 21k. Un pensamiento benevolente.
- Aprecio por ti mismo: Por el gran corredor que ya eres, sin importar el ritmo.
- A esa gran amiga: Que te invitó a trotar y a conversar por primera vez.
- A las familias: Y a quienes esperan en la meta. Eso es amor. ❤️
- A la persona amada: aunque no corra a tu lado, ella siempre está contigo.
- A quienes se han ido: honrar a los seres que ya no están entre nosotros.
- Los sentimientos difíciles: ansiedad, miedo, dudas y pensamientos obsesivos.
- A mis compañeros de gym, profesores de yoga y entrenamiento funcional.
- A mi familia, amigos y aliados en el camino de la vida. ¡Agradecida!
Y, por último:
Agradezco por todo lo que me rodea. Y por las decisiones —buenas o no tanto— que tomé entre un kilómetro y otro. Es una oportunidad de aprender más sobre ti mismo y sobre tu mundo interno. Es un reto y una bendición.
Respira profundo y piensa en lo que tienes hoy. En todo lo que te acompaña cuando sales. Siente la gratitud en el centro de tu pecho, y visualiza esa cálida luz.
Ahora es tu turno de propagar los buenos deseos. Escribe ese mensaje 💌 de agradecimiento para ti, para otro o para todos.
Deseo que puedas seguir haciendo lo que amas, para vivir mucho más a gustito con lo que te rodea.
¡Gracias por correr conmigo! 💗
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.
