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Sabiduría interior: el arte de escucharse

Tiempo de lectura: 3 minutos

La sabiduría interior es la conexión con la inteligencia sensorial. Aprender a percibir las señales físicas ante los estímulos del mundo es clave; ignorar lo que la intuición nos susurra es, irónicamente, la forma más clara de negar y subestimar nuestra propia y poderosa fuerza interna.

Esa información es vital. Nuestro organismo también «nos habla» es un conocimiento que todos nosotros tenemos. Y que está disponible si sabemos escuchar nuestra voz interior.

La conexión con la sabiduría interior
Conectar con la sabiduría interna – Imagen de alexeyzhilkin en Freepik

Nuestra atención suele centrarse en el exterior en vez de nuestro interior, lo cual nos sumerge en un estado de estrés permanente, intentando ir más rápido que la vida misma e ignorando nuestra propia sabiduría. Parece que nada es suficiente. Nuestra salud se resiente, la mente viaja a mil por hora, atrapados en la rueda del hámster de la rutina y los logros.

Pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre la verdadera razón y pulsión de vida que nos impulsa a ser, o qué es lo que realmente nos motiva a actuar.

No es tan sencillo como parar y respirar un poco. Sintonizar con la sabiduría interna requiere de atención, y la atención está de alguna forma secuestrada por todos los dispositivos digitales que tenemos a la mano cada día, todos los días.

Sabiduría interior: Sintonizar con el saber interno requiere coraje y curiosidad.

Para reconocer esos saberes de nuestro cuerpo y de la mente no es necesario hacer retiros espirituales. No necesitas vivir en el bosque. Meditar por horas o practicar yoga, solo por dar algunos ejemplos.

Todas esas prácticas favorecen la mirada del mundo interior; sin embargo, esa búsqueda y sabiduría no es para todos.

Pienso que la gran cantidad de «influencers del bienestar interior», gurúes, sabiduría express y recursos disponibles, nos ha apartado de nuestro propio camino. Ha hecho que nos alejemos de nuestra propia creatividad y riqueza.

Una visita al autoservicio espiritual (en donde todos picoteamos de vez en cuando) está permitido. Sin embargo, hay que saber escoger a qué le damos nuestro tiempo. Y, (sobre todo), nuestra energía, porque no es infinita.

Vivimos y sentimos en el presente

No hay fórmulas para reconocer y valorar esa información. Por supuesto, es la primera idea. Escuchar, meditar, escribir o reflexionar requiere que hagamos preguntas incómodas no deben ser contestadas con frases en automático.

Vivimos y sentimos en el presente. No ignorar las sensaciones corporales es una forma de escuchar más allá de las palabras, lo que nuestro organismo tiene para decirnos.

Por ejemplo, cuando sientes dolor al entrenar, en el trabajo o al correr ¡ojo! No debes ignorar esa información corporal. Hay que respirar, parar, bajar el volumen de la música; en fin, prestar atención. Eso forma parte de la capacidad de sintonizar con la sabiduría interna.

El descanso forma parte de la vida. Saber parar cuando hay malestar es una forma de compasión con el vehículo que tenemos para transitar en esta vida.

Es vital detenerse con frecuencia para cuestionar nuestro propósito: ¿Cómo me siento realmente? ¿Cuál es el motor que me impulsa a correr? ¿Estoy honrando las necesidades de mi mente? Realizar estas preguntas transforma el entrenamiento en un acto de autocuidado consciente.

¿Una forma de responder esas preguntas? Correr con mayor consciencia. Cuestionar esos pensamientos o entrenar la atención para registrar sensaciones también son partes importantes de este proceso. Los corredores sabemos que los pequeños enredos de la mente pueden liberarse después de algunos kilómetros. Pero no todos.

Todo suma a la hora de reconocer el poder que habita dentro de cada uno de nosotros, nuestra sabiduría interior. Ese poder está unificado en todo nuestro organismo y nuestra mente.



Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.

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