Muchos corredores subestimamos la felicidad de correr sin expectativas. Nos dejamos llevar por lo que dicen los demás, es decir, nos guiamos por la norma. Hablamos sobre los ritmos y las distancias «ideales» que deberían formar parte de nuestro entrenamiento.

Soñamos con la foto perfecta, la zapatilla ideal o con otra medalla. Y en ese ir y venir de información externa, dejamos de escuchar nuestra voz interior.
Nuestro organismo nos manda señales. La mayoría de las veces, preferimos obedecer a una aplicación y no a nuestra intuición, entregando todo nuestro poder a datos y resultados.
La felicidad de correr, de escuchar y ser el cuerpo; y hacerlo de manera más consciente e intuitiva es el deseo de muchos runners.
Nos hemos dado cuenta de que el exceso de información ha transformado un hábito saludable en una presión constante para lograr objetivos. A veces, a costa de la propia salud.
Las redes sociales y la industria del running han empujado a muchos a ir tras la zanahoria y el nuevo objeto reluciente (zapatillas, wearables, etc.). Si la tendencia es entrenar blando (menos, pero mejor) y trotar suave es tan saludable, ¿por qué sobreentrenamos?
El poder del running va más allá de un resultado. Pienso que es una forma de recuperar la paz mental en la carrera frenética contra el reloj. Recuperar el gozo de salir y poner un pie delante del otro, por el simple placer de hacerlo, abre la posibilidad de que otros se sumen al disfrute, sin miedo y sin mandatos.

La disciplina más allá de las expectativas
No se trata de repetir frases como «la que quiere, puede» o «puedo, ¡y lo haré!». El running es una experiencia; y como toda experiencia, no se puede transmitir. Porque demanda acción y hacer carne el deseo de correr.
Un trote suave para despejar la mente. Dedicar unos minutos de cardio antes de empezar un entrenamiento. Caminar, saltar la cuerda, etc. Repito es mucho más que una cantidad de números.
Ir más allá de las expectativas implica desafiar lo que creemos sobre el running. También puede significar cuestionar lo que nos dicen sobre lo que debe ser un corredor.
Porque no todos los corredores hacen maratones ni ganan carreras. Eso forma parte de algunos de los mitos del running. Como, por ejemplo, eso de que existe un «cuerpo de corredor». No es una cuestión de gladiadores ni guerreras. Es mucho más que competir, es disfrutar.
Es también fallar y volver a intentar. No hay una sola manera de ver el entrenamiento, y tampoco un corredor igual al otro.
La felicidad de correr es una forma de sintonizar con la salud. De percibir y respetar el espacio que nos rodea, ¡con acción! También nos recuerda que somos seres en constante evolución.
A la vez, nos enfrenta cara a cara con nuestra propia vulnerabilidad; como cuando la tristeza del corredor, o una lesión, aparecen en el camino.
Por otro lado, nos permite valorar las piernas no solo por cómo se ven, sino por todo lo que pueden hacer. Son muchas las razones para disfrutar de la práctica.
No depender de la valoración externa y no hacerle caso a las voces que vienen de afuera. Sobre todo, nosotras, las mujeres corredoras.
Como pintó con palabras Frida Kahlo: «Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco».
Nuestro cuerpo no necesita la opinión ni la evaluación de otros.
La felicidad de correr para encontrarse: algunas ideas
El placer de tener un espacio que es tuyo. La felicidad de aprender a hacerlo por elección, no por una moda pasajera. Y si como una herramienta para el autoconocimiento y una forma de alcanzar el bienestar físico.
- Puedes elegir la actividad para sanar, para competir o entrenar la creatividad. Lo que aprendes corriendo impregna todo lo que haces cuando te sacas las zapatillas. Entrena la voluntad, la disciplina y la compasión.
- Competir con la persona que eras ayer. Lograr ese resultado que antes te era ajeno y que hoy es una posibilidad real. Apoyar a ese amigo que comienza a dar sus primeras zancadas. Caer y volver a levantarte. Todo eso y mucho más le da significado a la práctica.
- Fortalece tu mente, corre bajo la lluvia o el sol. Con frío o calor. No corras en contra de los elementos, sino en compañía de ellos. Son tus aliados en el camino para evolucionar en la práctica.
- Que moverte y entrenar la fuerza sean tu hábitos. Sin importar tu edad, cómo te ves o los minutos que te tome completar un kilómetro.
Te deseo un aprendizaje de risas, improvisación y espontaneidad en el camino.
El encuentro, el reto y el desafío.
Lo bueno y lo maravilloso.
Con las zapatillas puestas y lista para seguir.
Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.
