Mujeres que corren - Running Bites

Correr para sintonizar con tu fuerza interior

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Hay una frase que le escuché hace años al Dr. Mario Alonso Puig y que no me abandona: «El cuerpo no es solo una máquina que pasea nuestras confusas cabezas». La escuché en un momento en que yo hacía exactamente eso. Salía a correr sin sintonizar, con la cabeza llena de ruido, los audífonos a todo volumen y la lista de pendientes dando vueltas. El cuerpo se movía. Yo, no tanto.

correr para sintonizar con tu fuerza interior
Foto de Kasuma en Pexels

El running me enseñó algo que ningún libro de autoayuda pudo: que la fuerza no viene de afuera. No viene del pace, ni de la medalla, ni del número en la balanza. Viene de ese momento exacto en que dejas de escuchar las voces externas y empiezas a escuchar las tuyas.

Y eso, para muchas de nosotras, es lo más difícil.

Vivimos rodeadas de opiniones sobre cómo debe verse un corredor, a qué ritmo debe correr y qué distancia debe recorrer para «merecer» el título. Toda esa información externa ocupa el espacio que debería tener nuestra propia voz.

Correr para sintonizar con tu fuerza interior no es un concepto espiritual complicado

Es algo mucho más simple y más exigente a la vez: es prestarle atención a lo que el cuerpo dice mientras se mueve. El cansancio que avisa antes de la lesión. La respiración que se acelera no solo por el esfuerzo sino también por la ansiedad. La zancada que cambia cuando la cabeza está en otro lado.

Hay dos tipos de fuerza que el running entrena al mismo tiempo. La externa, que es la que se ve: los músculos, la resistencia, la técnica. Y la interna, que es la que permanece cuando todo lo demás falla: la paciencia, la compasión hacia una misma, la capacidad de seguir cuando no hay nadie aplaudiendo.

«Sin sombra no hay luz». Eso también es fuerza.

A quién le gusta correr aprende a escucharse, a sintonizar, sabe cuándo darlo todo y cuándo bajar el ritmo. Sabe que entrenar compitiendo todo el tiempo no es fuerza, es agotamiento disfrazado de disciplina. Sabe que la mente emite cheques que el cuerpo no siempre puede pagar.

Y aprende, de a poco, a negociar, aprende a correr para sintonizar con lo que le hace bien.

Sal cada día con una pregunta simple: ¿Para qué corro hoy? A veces la respuesta llega rápido. Otras, aparece en el kilómetro quince, cuando ya no queda energía para el ruido y solo queda el movimiento.

Ahí, en ese silencio en movimiento, está tu fuerza.


Gracias por correr conmigo hasta aquí. Elegir leer en lugar de scrollear es una pequeña declaración de independencia. Si este post te dejó algo, cuéntamelo abajo. Y si quieres seguir, el próximo kilómetro te está esperando.

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